(...) Portador de una tradición escrita que vuelve a ser oral gracias a él, tal vez llegue incluso a decírselas a otro, para compartirlas, por los juegos de la seducción, o para hacerse pedante, es un riesgo que hay que correr. Al hacerlo, recuperará el vínculo con aquellos tiempos previos a la escritura en los que la supervivencia del pensamiento dependía de nuestra voz. Si me habla usted de regresión, yo le responderé reencuentro. El saber es primero carnal. Son nuestros oídos y nuestros ojos los que captan, nuestra boca la que lo transmite. Nos llega por los libros, es cierto, pero los libros salen de nosotros mismos. Un pensamiento hace ruido, y el placer de leer es una herencia de la necesidad de decir.
- Un argumento intachable para obligarnos a todos a aprender textos de memoria. Me gustó cuando leí este párrafo porque me recordó a un profesor que tuve al final de mi época de primaria que nos obligaba a aprendernos poemas que nos gustaran y significaran algo para nosotros, para luego recitarlos en clase y explicar la razón de por qué lo habíamos elegido.
Nadie entendía el por qué de estos deberes, ya que eran "raros" -nunca habíamos hecho algo así, acostumbrados siempre a los ejercicios con papel y lápiz de mates, inglés, etc- y ninguno de nosotros le veíamos utilidad al asunto. A lo mejor, si nos lo hubiera explicado con estos argumentos, hubiera convencido a más de uno.
jueves, 18 de diciembre de 2008
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